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Camila tiene deseos perversos de ser tratada como puta y que le echen los mecos en la cara


 

Los deseos sexuales de Camila eran motivo de tormento para ella, hacían que se sintiera como una puta sucia, más aun siendo una líder en su trabajo, respetada y admirada por sus compañeros y colaboradores. Esto solo empeora la situación depresiva que pasa por su cabeza, como sería posible que una dirigente ejecutiva tuviera gustos tan perversos.
Sin embargo, tras pasar años reprimiendo sus fantasías, un día tras una larga y dura jornada de trabajo decidió que era momento de dejar salir la zorra que vivía dentro de ella. Contrató a un gigoló, a quien le confió sus peculiares deseos de ser tratada como una prostituta barata, penetrada como una perra por el ano. Él se sorprendió pero le dijo que podía cumplirle y hacerla gozar como nunca lo ha hecho. Quedaron de verse en el departamento del escort, lugar en el que Camila liberaría el animal que lleva dentro. Ella quería mamar verga hasta sentir las bolas del chico en el mentón, y que después de que le rompieran el culo sin condón, él se viniera sobre su cara, embarrándole todos los mecos por el rostro. Al saber todo esto, el prostituto se puso en su papel de dominante, tratándola como basura y cuando ya la había follado, termino echándole un chorro de leche por toda la cara, esparciéndosela por los cachetes usando su pito.